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Archdiocese launches #OKIECATHOLIC Christmas campaign

On Wednesday, Dec. 10, the Archdiocese launched the #OKIECATHOLIC Christmas campaign.

The campaign invites all Catholics to join in the celebration of God's glory!

For a list of parishes in the Archdiocese of Oklahoma City, use the free archdiocesan app or click the "Directory" tab.

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Happenings around the archdiocese for Advent and Christmas

Parishes throughout the Archdiocese of Oklahoma City are providing multiple opportunities for prayer and service to others during Advent and the Christmas Season. For information on Mass schedules and holiday events, contact your parish or find a Catholic church near you through the church directory and map under the Directory tab.

(PHOTO: Advent statue of pregnant Mary, Saint Mary's Church, Victoria, Texas, by Chris Plumberg)

 

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Take time to celebrate Advent

Archbishop Paul S. Coakley

In the simple beauty of its liturgy, Advent is one of the richest seasons of the year. The prayers and readings at Mass as well as the hymns and antiphons of the Liturgy of the Hours invite us to a quiet reflection that heightens our sense of longing as we prepare to welcome the King who comes to save us.

Advent also is a season with memorable rituals and traditions for the home as well. Lighting each candle of the Advent wreath may be the occasion to gather family or friends for a moment of prayer. The child’s anticipation and joy each day upon opening another door or window of an Advent calendar reminds us why the Kingdom of Heaven belongs to those who become like little children.

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Father John Paul Vrana's Life Celebrated

Father John Paul Vrana's life and service were celebrated Wednesday, Nov. 19, at a Mass of Christian Burial at The Cathedral of Our Lady of Perpetual Help. The Most Reverend Paul S. Coakley, Archbishop of Oklahoma City, presided.

Father Vrana died Friday morning, Nov. 14, at St. Ann’s Nursing Home in Oklahoma City. Interment is at St. Teresa’s Cemetery, Harrah.

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Videos

 

Podcasts

Archbishop Coakley shares his story of faithPodcast
by Archbishop Paul Coakley
Archbishop Paul Coakley was raised in a Catholic family. But when he went to college, his life soon went adrift. Last month our Archbishop spoke at a conference in Minnesota, where he told the very personal and compelling story of how the Lord gradually led him into a relationship with himself. (It may take a few minuets to load.)
Date: 11/6/14
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He shall be called Prince of Peace

Archbishop Paul S. Coakley

“Glory to God in the highest and on earth peace to those on whom his favor rests.” (Lk.2:14). The angels’ proclamation of the gift of peace, given in Christ, announces the fulfillment of the messianic promises cherished throughout the ages by God’s chosen people: “For to us a child is born, a son is given; and his name shall be called … Prince of Peace” (Is.9:6).

As Advent leads us toward the celebration of Christmas we turn our attention day by day to reflect upon the meaning of the birth of Christ. The Christmas mystery celebrates God’s gift of peace. Peace has descended from heaven to earth. The Word has become flesh. The order intended by God for his creation is finally realized in the person of Jesus of Nazareth, Son of God and Son of Mary. This profound communion between God and man is the source of genuine peace and reconciliation.

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Será llamado Príncipe de la Paz

Arzobispo Pablo S. Coakley

"Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad." (Lc 2, 14). La proclamación del don de la paz por parte de los ángeles, paz dada en Cristo, anuncia el cumplimiento de las promesas mesiánicas apreciadas a lo largo de los siglos por el pueblo escogido de Dios: "Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;… y proclaman su nombre… Príncipe de la Paz" (Is.9: 6).

Como Adviento nos conduce hacia la celebración de la Navidad volvemos nuestra atención día a día para reflexionar sobre el significado del nacimiento de Cristo. El misterio de la Navidad celebra el don de la paz de Dios. La paz ha descendido del cielo a la tierra. La Palabra se ha hecho carne. El orden querido por Dios para su creación finalmente se ha realizado en la persona de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios e Hijo de María. Esta profunda comunión entre Dios y el hombre es la fuente de la verdadera paz y reconciliación.

 

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Escuelas Católicas: Comunidades de fe, conocimiento y servicio

Amo a nuestras Escuelas Católicas. Me hacen sentir orgullosos de esta Arquidiócesis. Cada año espero con interés la oportunidad de visitar a cada una de nuestras escuelas. En esta edición del Sooner Catholic queremos compartir algunas de las razones por las que estamos tan orgullosos de nuestras escuelas. En anticipación de la Semana de las Escuelas Católicas (26 de enero al 1 de febrero) se encuentra un suplemento especial en las páginas que siguen celebrando nuestras Escuelas Católicas como Comunidades de Fe, Conocimientos y Servicio. Esta celebración anual ofrece una oportunidad para afirmar, promover y renovar nuestro compromiso con la misión importante de la educación Católica.

La Iglesia en Estados Unidos ha sido bendecida con la red más fuerte de Escuelas Católicas de cualquier parte del mundo. Además de las muchas finas escuelas fundadas y atendidas por las congregaciones religiosas, nuestro sistema nacional de escuelas parroquiales Arquidiocesanas y Diocesanas no tiene igual.

Las Escuelas Católicas son una parte muy importante de la historia de la Iglesia en los Estados Unidos. De manera significativa, la primera santa nacida en Estados Unidos, Sta. Elizabeth Ann Seton, estableció la primera escuela parroquial en los Estados Unidos. Fue San Juan Neumann, el primer obispo estadounidense en ser canonizado, quien estableció el primer sistema de escuelas diocesanas y sentó las bases de un legado de educación católica que perdura hasta nuestros días.

La fuerza de nuestras Escuelas Católicas es un testimonio de la determinación y el compromiso de nuestros antepasados de entregarle la fe católica a la próxima generación. El clima cultural de la época era a menudo hostil a los católicos, especialmente los católicos inmigrantes. Reconocieron que, además de proporcionar una excelente educación para sus hijos Escuelas Católicas también proporcionan una manera para ellos para transmitir sus valores más importantes, costumbres y creencias a la siguiente generación. Entonces y ahora la primera y principal misión de las Escuelas Católicas es la transmisión de la fe a través de una educación y formación integral de la persona. Las Escuelas Católicas existen para formar discípulos de Jesucristo, que están preparados para vivir su fe y cumplir su misión al servicio de la Iglesia, familia y sociedad. Buenos Católicos son buenos ciudadanos. Siempre ha sido así. Las Escuelas Católicas son insuperables como comunidades de fe, conocimientos y servicio a los demás.

Nunca ha sido fácil el mantener a nuestras Escuelas Católicas. Han florecido gracias al compromiso compartido de padres, congregaciones religiosas de hombres y mujeres y, por supuesto, párrocos y feligreses. En años posteriores, los profesores y personal no docente laical han contribuido con su enorme energía y talento. Todos compartían la convicción de que el sacrificio por las Escuelas Católicas vale la pena. Son una buena inversión. La educación católica ofrece un servicio insustituible a los padres en la proveer la educación, especialmente la educación religiosa, a sus hijos.

Directa o indirectamente, todos nosotros nos beneficiamos de las Escuelas Católicas. Con el fin de garantizar que la educación Católica se encuentre disponible en nuestra arquidiócesis para las generaciones futuras tenemos que asumir nuestra responsabilidad compartida para preservar y fortalecer el legado que hemos recibido de aquellos que vinieron antes que nosotros. Somos los beneficiarios de los sacrificios de los demás. Y tenemos que pensar en los que vendrán después de nosotros.

No podemos dejar que los padres de los niños de las Escuelas Católicas de hoy tengan que asumir a solas el costo total de la educación católica. Para la mayoría de las familias estaría simplemente fuera de su alcance. Las Escuelas Católicas no pueden ser sólo para unos pocos privilegiados que puedan pagarlos. Nuestras Escuelas Católicas han prosperado porque los Católicos han reconocido y aceptado que lo que se requiere es un compromiso compartido y un sacrificio compartido. El futuro depende de nuestra capacidad de mantener este espíritu de mayordomía, o buena administración de nuestros bienes.

Si somos capaces de igualar la creatividad y la gestión que caracterizó la dedicación y el apoyo de las Escuelas Católicas de nuestros antepasados, entonces el futuro de la educación Católica en la Arquidiócesis de Oklahoma City será realmente brillante. Ahora es nuestro turno.