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Father John Paul Vrana's Life Celebrated

Father John Paul Vrana's life and service were celebrated Wednesday, Nov. 19, at a Mass of Christian Burial at The Cathedral of Our Lady of Perpetual Help. The Most Reverend Paul S. Coakley, Archbishop of Oklahoma City, presided.

Father Vrana died Friday morning, Nov. 14, at St. Ann’s Nursing Home in Oklahoma City. Interment is at St. Teresa’s Cemetery, Harrah.

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MUST LISTEN - Archbishop Coakley shares his wonderful and funny journey to the priesthood

Archbishop Coakley recently spoke to an arena-full of Catholics and their families about his prayer journey through his youth, his rebellious teenage years and the unexpected people and occurrences that led him to serve the Lord through the priesthood.

(Photo: Archbishop's diaconate ordination with John and Mary Coakley - Wichita, 1982.)
‪#‎vocationawarenessweek‬ #gomakedisciples

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How to Help

To help displaced families in Iraq, Gaza and Syria with immediate needs, donate now to the Catholic Relief Services emergency fund.

Online: http://emergencies.crs.org

Call: 1 (877) 435-7277 from 7 a.m. to Noon CT.

By Mail: Mail your check or money order to:
Catholic Relief Services 
P.O. Box 17090 
Baltimore, MD 21297-0303

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Archbishop Coakley leads Middle East mission to Gaza, Iraq

Archbishop Coakley recently led a Catholic Relief Services mission to Gaza and northern Iraq to support and assess the needs of refugees and internally displaced persons.

"Please pray for peace in the Holy Land and throughout the Middle East, especially for persecuted Christians who are being driven from their homeland." -- Archbishop Paul S. Coakley

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Videos

 This year (2014) the Archdiocese of Oklahoma City has four Jubilarians, Fr. Kevin Devlin and Fr. William B. Ross celebrated 60 years of priesthood, Fr. Jesus Sancho-Martin, OCD celebrated 50 years of priesthood and Fr. Paulose V. Kottackal celebrated 40 years of priesthood. In this video Fr. William B. Ross and Fr. Paulose V. Kottackal reflect back over their priesthoods.

 

Podcasts

Archbishop Coakley shares his story of faithPodcast
by Archbishop Paul Coakley
Archbishop Paul Coakley was raised in a Catholic family. But when he went to college, his life soon went adrift. Last month our Archbishop spoke at a conference in Minnesota, where he told the very personal and compelling story of how the Lord gradually led him into a relationship with himself. (It may take a few minuets to load.)
Date: 11/6/14
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November and the four last things

Archbishop Paul S. Coakley

During the month of November the Church’s liturgy and popular devotion turn our attention to the Four Last Things: death, judgment, heaven and hell. This is no morbid fascination, but a sober reminder of the transitory nature of this world and a bold summons to Christian hope. We begin the month celebrating the saints in glory on the Solemnity of All Saints. On Nov. 2, we observe the Commemoration of All the Faithful Departed (All Souls Day) and later in the month, on the last Sunday of the liturgical year, we celebrate the triumphant Solemnity of Christ the King.

Though we may rarely ponder these realities, they are inescapable for each of us. They remind us of the eternal destiny of joy that God has prepared for us in Christ and the eternal consequences of turning our back on God’s love. St. John of the Cross wrote, “In the evening of our life, we shall be judged on our love.” Perfect love will make possible our immediate entrance into heaven. Imperfect love will require purification. The ultimate rejection of divine love will mean eternal separation from God.

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NOVIEMBRE Y LOS NOVÍSIMOS*

Arzobispo Pablo S. Coakley

(Nota del Traductor: La traducción formal, según la teología católica, de la frase en inglés “The Four Last Things”  es “Los Novísimos” o, en el uso más antiguo, “Las Cuatro Postrimerías”.)

Durante el mes de noviembre, la liturgia y devoción popular de la Iglesia dirige nuestra atención a Los Novísimos: muerte, juicio, cielo e infierno. Esto no es una fascinación morbosa, sino un recordatorio sobrio de la naturaleza transitoria de este mundo y un audaz llamado a la esperanza cristiana. Comenzamos el mes celebrando la gloria de los santos en la Solemnidad de Todos los Santos. El 2 de noviembre se observa la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos (Día de los Muertos o de los Difuntos) y más tarde en el mes, el último domingo del año litúrgico, celebramos la triunfal  Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.

Aunque rara vez reflexionemos sobre estas realidades, para nosotros son ineludibles.  Nos recuerdan el destino eterno de gozo que Dios ha preparado para nosotros en Cristo y las consecuencias eternas de darle la espalda a Dios y su amor. San Juan de la Cruz escribió: "En el ocaso de nuestras vidas seremos juzgado en el amor". El amor perfecto hará posible nuestra entrada inmediata al cielo. Amor imperfecto requerirá purificación. El rechazo definitivo del amor divino significará la separación eterna de Dios.

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Escuelas Católicas: Comunidades de fe, conocimiento y servicio

Amo a nuestras Escuelas Católicas. Me hacen sentir orgullosos de esta Arquidiócesis. Cada año espero con interés la oportunidad de visitar a cada una de nuestras escuelas. En esta edición del Sooner Catholic queremos compartir algunas de las razones por las que estamos tan orgullosos de nuestras escuelas. En anticipación de la Semana de las Escuelas Católicas (26 de enero al 1 de febrero) se encuentra un suplemento especial en las páginas que siguen celebrando nuestras Escuelas Católicas como Comunidades de Fe, Conocimientos y Servicio. Esta celebración anual ofrece una oportunidad para afirmar, promover y renovar nuestro compromiso con la misión importante de la educación Católica.

La Iglesia en Estados Unidos ha sido bendecida con la red más fuerte de Escuelas Católicas de cualquier parte del mundo. Además de las muchas finas escuelas fundadas y atendidas por las congregaciones religiosas, nuestro sistema nacional de escuelas parroquiales Arquidiocesanas y Diocesanas no tiene igual.

Las Escuelas Católicas son una parte muy importante de la historia de la Iglesia en los Estados Unidos. De manera significativa, la primera santa nacida en Estados Unidos, Sta. Elizabeth Ann Seton, estableció la primera escuela parroquial en los Estados Unidos. Fue San Juan Neumann, el primer obispo estadounidense en ser canonizado, quien estableció el primer sistema de escuelas diocesanas y sentó las bases de un legado de educación católica que perdura hasta nuestros días.

La fuerza de nuestras Escuelas Católicas es un testimonio de la determinación y el compromiso de nuestros antepasados de entregarle la fe católica a la próxima generación. El clima cultural de la época era a menudo hostil a los católicos, especialmente los católicos inmigrantes. Reconocieron que, además de proporcionar una excelente educación para sus hijos Escuelas Católicas también proporcionan una manera para ellos para transmitir sus valores más importantes, costumbres y creencias a la siguiente generación. Entonces y ahora la primera y principal misión de las Escuelas Católicas es la transmisión de la fe a través de una educación y formación integral de la persona. Las Escuelas Católicas existen para formar discípulos de Jesucristo, que están preparados para vivir su fe y cumplir su misión al servicio de la Iglesia, familia y sociedad. Buenos Católicos son buenos ciudadanos. Siempre ha sido así. Las Escuelas Católicas son insuperables como comunidades de fe, conocimientos y servicio a los demás.

Nunca ha sido fácil el mantener a nuestras Escuelas Católicas. Han florecido gracias al compromiso compartido de padres, congregaciones religiosas de hombres y mujeres y, por supuesto, párrocos y feligreses. En años posteriores, los profesores y personal no docente laical han contribuido con su enorme energía y talento. Todos compartían la convicción de que el sacrificio por las Escuelas Católicas vale la pena. Son una buena inversión. La educación católica ofrece un servicio insustituible a los padres en la proveer la educación, especialmente la educación religiosa, a sus hijos.

Directa o indirectamente, todos nosotros nos beneficiamos de las Escuelas Católicas. Con el fin de garantizar que la educación Católica se encuentre disponible en nuestra arquidiócesis para las generaciones futuras tenemos que asumir nuestra responsabilidad compartida para preservar y fortalecer el legado que hemos recibido de aquellos que vinieron antes que nosotros. Somos los beneficiarios de los sacrificios de los demás. Y tenemos que pensar en los que vendrán después de nosotros.

No podemos dejar que los padres de los niños de las Escuelas Católicas de hoy tengan que asumir a solas el costo total de la educación católica. Para la mayoría de las familias estaría simplemente fuera de su alcance. Las Escuelas Católicas no pueden ser sólo para unos pocos privilegiados que puedan pagarlos. Nuestras Escuelas Católicas han prosperado porque los Católicos han reconocido y aceptado que lo que se requiere es un compromiso compartido y un sacrificio compartido. El futuro depende de nuestra capacidad de mantener este espíritu de mayordomía, o buena administración de nuestros bienes.

Si somos capaces de igualar la creatividad y la gestión que caracterizó la dedicación y el apoyo de las Escuelas Católicas de nuestros antepasados, entonces el futuro de la educación Católica en la Arquidiócesis de Oklahoma City será realmente brillante. Ahora es nuestro turno.